“El GPS extraviado de Javier Lamarque”

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Por Amalia Escobar
Hay políticos que se pierden en sus ideas. Otros, en sus promesas. Pero el alcalde de Cajeme, Javier Lamarque, logró la hazaña de perderse… en el mapa.
Resulta que, en su reciente visita a San Luis Río Colorado, el edil confundió al delegado de Gobernación, Ricardo Lugo, con el alcalde local; luego, como si no fuera suficiente, decidió que estaba en Caborca. Sí, Caborca. Uno esperaría que un alcalde supiera al menos en qué municipio está parado, pero Lamarque parece operar con un GPS descompuesto.
Después del espectáculo, quiso curarse en salud diciendo que el error “no borra una trayectoria de vida”. Lástima que esa trayectoria venga acompañada de una crisis de inseguridad, drenajes colapsados, calles que parecen zona de guerra y un brote de dengue que hace que los mosquitos ya pidan credencial del INE para votar. Pero claro, eso es detalle menor cuando se puede dar un viajecito a presumir los “avances de la transformación”.
El momento cumbre llegó cuando, entre risas, confesó que le habían sugerido “hacer algo que se comente”… y vaya que lo logró. Aunque no en el sentido brillante que imaginaba. Quizás Lamarque pensó que confundirse de alcalde y de municipio era una estrategia de marketing político. Si es así, mis respetos: ha inventado el turismo del desatino institucional.
Mientras tanto, en Cajeme, la gente nada —literalmente— entre aguas negras y mosquitos. Pero el alcalde, muy orondo, agradece la hospitalidad del alcalde que no era, en el municipio que no era, hablando de los logros que no existen. Una joya de coherencia.
Claro, luego remata con la frase de cajón: “Con el respaldo del gobernador Durazo y el liderazgo de la presidenta Sheinbaum, seguimos construyendo el cambio verdadero”. Pues ojalá construyan algo, porque en Cajeme lo único que se construye son baches nuevos cada semana.
Decía el propio Lamarque que el incidente “no borra una vida de trabajo”. Tal vez no. Pero sí deja claro que esa vida de trabajo se la pasa bien lejos de donde más se le necesita. Y lo peor: ni siquiera parece saber a dónde va.
En resumen, Cajeme tiene un alcalde que confunde nombres, municipios y realidades. Pero no importa: mientras haya risas, foros y discursos sobre la transformación, todo se puede disimular.
Solo falta que la próxima vez, cuando lo inviten a otro evento, confirme en el mapa a dónde va. No vaya a ser que acabe agradeciendo al alcalde de Macondo

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